En octubre de 2007, el cometa Holmes dejó literalmente pasmados a los astrónomos cuando, en menos de 24 horas, empezó a brillar con una intensidad 500.000 veces superior a lo normal, pasando de ser una simple esfera de polvo congelado a un orbe tan brillante que podía distinguirse a simple vista, sin necesidad de instrumentos de observación. Más que un cometa, se dijo entonces, parecía una supernova. Ahora, una misteriosa y espectacular llamarada emitida por el cometa hace sospechar que aquel fenómeno puede estar a punto de volver a producirse.

En 2007, y en cuestión de pocas horas, el cometa Holmes pareció explotar en el cielo. El acontecimiento fue observado por el astrónomo español Juan Antonio Henríquez Santana desde el observatorio de Tenerife. Los científicos calcularon que el Holmes expulsó de repente más de cien millones de toneladas de polvo al espacio, una cantidad comparable a la nube de ceniza emitida por el monte Santa Helena en mayo de 1980, y que hizo que el Holmes se hinchara hasta alcanzar un diámetro mayor que el del Sol.

Sin embargo, y a pesar de que durante meses enteros decenas de telescopios de todo el mundo siguieron observando el cometa, las razones de aquella dramática explosión quedaron envueltas en el misterio.

200 días antes
Al principio, los astrónomos conjeturaron que una dura corteza de polvo podía haberse formado alrededor del núcleo del cometa, atrapando hielo debajo. Así, y a medida que el Holmes se acercaba al Sol, su superficie se habría calentado tan rápidamente que el hielo se habría transformado directamente en vapor incluso antes de fundirse. Los gases habrían empujado con violencia la corteza de polvo, disparándola literalmente al espacio circundante.

No quedaba claro, sin embargo, cuál podría ser el “combustible” capaz de provocar una reacción explosiva de tanta violencia. El simple hielo del núcleo, por muy rápido que se fundiera, no parecía tener el poder suficiente para desencadenar un fenómeno de esas proporciones.

Ahora, el mismo equipo que estudió entonces el Holmes acaba de encontrar una solución alternativa: el monóxido de carbono. En un artículo recién publicado en la revista Icarus, los geofísicos Konrad Kossacki, de la Universidad de Varsovia, y Slawomira Szutowicz, de la Academia Polaca de Ciencias, han presentado una simulación realizada por ordenador que muestra cómo el monóxido de carbono contenido por el núcleo del cometa puede generar la suficiente presión como para provocar una erupción explosiva.

El cometa Holmes ya había “explotado” dos veces antes de 2007. La primera en 1892, cuando fue descubierto, y la segunda apenas un año más tarde. Y las dos llamaradas, igual que la detectada en 2007, sucedieron cerca de 200 días después de la máxima aproximación del cometa al Sol, un hecho que, de por sí, es una clara indicación de que el calor de los rayos solares juega un importante papel en el proceso. Si los científicos están en lo cierto, el Holmes volverá a estallar durante su próxima visita, en 2014.

Fuente: abc.es